Imagina que decides huir de un lugar pero algo te «sujeta» de pies y manos. Ese algo es el miedo.
Hola preciosa. Hoy te voy a hablar de como me despedí de mi primer trabajo. No fue fácil y no fue rápido.
Perdona, ¿tú cómo estás? Seguro que bien y si no es así, tranquila. Encontrarás la manera de mejorar este momento.
La idea inicial de trabajar en verano y matricularme de nuevo en septiembre, tras acabar el C.O.U, no se materializó. Lo que verdaderamente ocurrió fue que comencé en septiembre a trabajar en la cantera y no me matriculé para el año siguiente. Me dije: trabajo este año, ahorro algo de dinero y me matriculo al año siguiente.
A lo que voy, al principio fue muy divertido y muy entretenido pues todo aquello era nuevo para mí. Todo el proceso de cómo se obtiene el albero y la cal, era el primer trabajo que tenía, gente nueva a la que conocer, lugar nuevo al que habituarme, destrezas que tenía que aprender y dominar. Tenía mucha ilusión, muchas ganas y demasiado idealizado el trabajar.
¿Qué ocurrió cuando pasó un año? Pues que me vi en un trabajo fácil, cómodo, divertido, ganando un «buen» sueldo y a 5 minutos de casa, y cuando llegó el momento de matricularme de nuevo en el instituto para mejorar la nota para ir a la universidad, no lo hice. En aquel momento pesó más el trabajo que el estudio. Son de esas etapas de las que medio te arrepientes pero que con el tiempo solo es una etapa más. Volveré sobre este tema del estudio.
Cuando llevaba como año y medio trabajando, los abuelos hablaron conmigo para saber si iba a seguir trabajando o volvería a estudiar. Yo quería seguir trabajando y no contemplaba el volver a estudiar en esos momentos. El motivo era porque cerca de casa estaban construyendo un par de viviendas nuevas y valoraban comprarla para que tus bisabuelos, por parte de la abu, se vinieran a vivir con nosotros, puesto que eran mayores. Yo accedí encantado a ayudar con mi sueldo, de hecho, lo entregaba integro en casa desde que empecé a trabajar y cogía según necesitaba, que no era mucho, la verdad.
Así que compramos la casa para que los bisabuelos vivieran con nosotros. Es la casa en la que viven actualmente y que tú ya conoces.
Por esas fechas el trabajo comienza a volverse un poco monótono. Todo lo divertido se esfumó, algunos compañeros empiezan a no ser tan compañeros, algunos de los jefes empiezan a perder las formas en el trato. Todo empieza a ponerse rancio.
Hay un día que recuerdo en especial. Ahí empezó el comienzo del fin de este trabajo. Fue un día de muchísimo trabajo y de no parar de cargar camiones. Un chaval que iba a cargar mucho allí y que era muy apañado, de apodo «Cacerolo», me preguntó: ¿Por qué no lees de algo que te guste mientras llegan los camiones? Eso me dejó pensando.
Es verdad que cuando terminaba de cargar los camiones había momentos de parón de algunos minutos, a veces, hasta 5 minutos, hasta que volvían a llegar para la siguiente carga. Así que empecé a llevarme revistas de fitness y artes marciales. Muchas las compraba en el kiosko y otras muchas me las daban en el gimnasio, cuando quedaban muy pasadas de fecha.
Ésto dio lugar a estudiar para el carnet de coche, de moto y de camión. Y tras conseguirlos, empezar a buscar alguna otra materia que me interesara aprender o saber sobre ella.
Este ritmo o ansia por leer y aprender es el que comienza a hacer que el trabajo ya no me motive y que aparezca en mi cabeza la idea de marcharme a otro. Esta situación se me hace insostenible cuando empiezan a surgir situaciones desagradables en el trabajo y al no «poder» marcharme, me hace caer en una depresión. Pero ésto te lo cuento en otro momento que tengo que marcharme ahora.
Cuídate nena y recuerda que te amo desde donde esté en este momento. Te quiero preciosa…Ah! y Feliz Navidad, aunque lo mismo es verano cuando lees ésto, jejejeje.