Hola nena, ¿cómo vas?
Pues como te contaba en el anterior post, ahí estaba yo, comprometiéndome con los abuelos para ayudar a comprar una casa más grande para que los bisabuelos vivieran con nosotros. Así que compramos la vivienda, los bisabuelos se vinieron a vivir con nosotros y todo genial.
Pero en mi trabajo la cosa empieza a ponerse rancia cada vez más, aunque la verdad, ahora viéndolo en perspectiva, siempre había sido de esa manera pero la novedad e ilusión del comienzo no me había dejado ver las cosas como eran. Así que podemos decir mejor que empecé a ver las cosas tal cual eran y en mi cabeza se clavó la idea de irme de allí.
A este deseo de querer marcharme del trabajo a los dos años aproximadamente de haber comenzado, por no querer seguir aguantando ese trato y esa monotonía, se le unió la pérdida de interés por el trabajo y la “obligación moral” de no poder dejar a mis padres y abuelos tirados con respecto al pago de la nueva casa.
Mi cabeza empieza a embotarse con la situación y entro en un bucle sin salida en el que solo quiero marcharme, a toda costa, pero no sé dónde puedo irme que me garanticen que no me despedirán al poco tiempo dejando tirados a mi familia con el pago de la letra. Esto me hace sentirme cada vez peor pues no encuentro salida alguna a esa situación. Y caigo en una “depresión” de la cual no veía salida.
Te pongo “depresión” así, porque no soy un experto y no fuí a ninguno para tratar este tema como para poder determinar que lo fué al 100%. Solo puedo contarte que comencé a sentirme muy frustrado, mi buen humor cambió a horrible y a tener cambios anímicos muy bruscos. Dejé de hablar en casa por un periodo de dos meses o quizás más, pero no estoy seguro pues perdí la noción del tiempo y se me hizo eterno. Entre semana estaba amargado y los fines de semana me marchaba de casa el sábado y no volvía hasta el domingo por la tarde.
Era como si durante toda la semana el pecho se me encogiera y no pudiera respirar, y cuando llegaba el sábado a la 13:30 y salía del trabajo, me entrara un cañón de aire fresco en los pulmones.
Como te comento, no recuerdo cuánto tiempo estuve así exactamente,
pero me pareció eterno . Lo que sí recuerdo es el día que toqué fondo.
Fué un viernes por la tarde después de salir del trabajo. Como todos los sábados trabajaba hasta medio día, la gran mayoría de los viernes no salía con los amigos por la noche si no que me encerraba en casa a ver una película después del trabajo. La alquilaba en el videoclub, me iba a casa, me encerraba en el salón a oscuras y veía la película solo. Este viernes la tita Carmen tuvo que entrar a coger algo que se le había olvidado y encendió la luz al entrar. Yo le solté en voz alta, de muy malas formas y sin venir a cuento, que dónde iba y que apagara la luz. Ella se lo tomó mal, y con razón me soltó: “Eres imbécil y un amargado de la vida”. Cogió lo que tenía que coger, apagó la luz y cerró con un portazo.
El salón quedó en silencio y a oscuras, yo con los brazos cruzados y sentado en el sofá sin poder moverme. Comencé a sentir que me hundía en el sofá porque mi cuerpo empezaba a pesar más y más. Fuí incapaz de dar de nuevo al play para continuar viendo la película. Ésto duró un par de horas. Y lloré a momentos al pensar, una y otra vez, que lo que me había dicho la tita era una verdad como un templo. Sí, lloré de impotencia, de rabia, de que la situación me sobrepasaba, de que no veía salida, que por más vueltas que le daba solo tenía en mente que tengo que dejar el trabajo pero que no puedo porque dejaría a mi familia “tirada”.
Ese viernes me marcó de por vida. Nunca he vuelto a tener esa sensación tan desagradable y desconcertante. Te mentiría si te dijera que el sábado me levanté como nuevo, pero no fué así. La noche la pasé mal sin poder dormir. El sábado en el trabajo fué de perros y la situación seguía empeorando (sobre todo en mi cabeza).
Mis pensamientos siempre giraban en torno a: ¡me tengo que marchar de este trabajo! pero, ¿a qué trabajo me voy que gane más o menos el mismo dinero si no tengo estudios y que además me garanticen que no me van a echar?. Y una vez y otra y otra…Y todo ésto sin hablar en casa, en el trabajo lo justo y con un humor de perros.
Un día en ese bucle de frases que tenía siempre en la cabeza cayó “estudiar para un trabajo nuevo”, pero claro, yo no podía dejar de trabajar y con el horario que tenía dónde me apuntaba a estudiar para un trabajo. En el FP de mi época tampoco encontraba ninguna profesión que me llamase la atención para estudiarlo por la noche.
Empecé de nuevo a darle vueltas y vueltas y apareció la palabra “oposición”. Sí, opositar. No sé si en algún momento te lo has planteado tú, o estás metida de lleno en ello. Si es así, mucho ánimo. Te cuento mi primera experiencia con las oposiciones en breve, ¿vale?.
Te amo preciosa desde donde esté en este momento. Cuídate nena.