Bailando Salsa

En los veranos de finales de los años 80 el abuelo Manolo tenía relación con americanos de la base de Rota. Solía ir a un bar donde se reunían cuando salían de la base. Un día apareció con una radio Panasonic de cassette que le había comprado a uno de ellos. Este hombre le ragaló una cinta de música latina.

Por aquel entonces yo no sabía que aquello era música de salsa. Yo tendría unos 7 u 8 años y lo único que sabía era que me encantaba esa música. Estaba todo el día escuchando esa cinta. Ese verano pasó y dejé de escuchar esa música.

Te cuento ese detalle porque no fue hasta que empecé con las clases de salsa, con unos veintidós años más o menos, que no supe quién era el cantante de aquella cinta de música que escuche de pequeño todo el verano. Se trataba de El Gran Combo de Puerto Rico. A mi me resultó simpática la casualidad de volver a reencontrarme con aquella música de mi infancia.

Me apunté a clases de salsa en Alcalá las tardes que tenía libre en el videoclub que monté por 0 euros. El primer día que fui a apuntarme, me quedé a las clases de nivel básico, medio y avanzado. No es que fuera un «crak», pero era un ansioso de querer aprender. Sentía que se me iba a dar bien, al menos era mi percepción.

No falté a ninguna clase mientras estuve apuntado. Empecé a escuchar música de salsa constantemente. Me llevaba la música al trabajo para escucharla mientras trabajaba. Y en el coche por supuesto.

El estilo de salsa que enseñaban era Salsa Cubana. En poco tiempo pasé al grupo avanzado. Me preguntaron si estaba interesado en participar en un grupo que iban a crear para realizar una coreografía. Por supuesto acepté. Y ahí estaba yo participando en una coreografía de salsa con solo dos meses de clases.

En este grupo me hice muy amigo de Yohana y Rafa. Yohana era mi pareja de baile para la coreografía. Rafa también participaba en la coreografía pero con otra pareja.

Los fines de semana los pasaba yendo a bares de Sevilla donde se bailaba salsa toda la noche. Me lo pasaba genial.

La coreografía la hicimos en varios lugares, pero recuerdo bien una, por ser de las primeras veces que la bailábamos, en una asociación de baile de Marchena, pueblo que está a unos 50 km de Alcalá. Estuvo genial el ambiente que hubo allí y la fiesta.

Después de un tiempo, estas clases se fueron haciendo cada vez más aburridas, al menos era mi percepción. Dejamos de montar coreografías y algunos del grupo dejaron de ir a clase.

Viendo el panorama que estaba tomando las clases, yo también dejé de asistir. Empecé a tomar clases de salsa en Sevilla. Había ido conociendo gente que me recomendaron profesores muy buenos y me animé a ir a sus clases.

También me apunte a un curso de profesor de «Bailes de Salón» que impartían los sábados en el centro deportivo donde trabajaba Rafa. Él era monitor de actividades deportivas. Seguí manteniendo el contacto con él y Yohana, aunque entre semana los veía poco. La verdad es que el curso no era lo que me esperaba, pues tenía la idea que me formarían más en bailes latinos, pero no fue así. Aprendí foxtrot, vals, tango, paso doble, rock´n´roll y algo de bailes latino. Pero aproveché muchísimo lo que aprendí sobre la pedagogía de enseñar.

Al cabo de un tiempo, Yohana me contó que la habían llamado de una academia de baile de Alcalá para pedirle que diera clases de salsa. Quiso contar conmigo para impartirlas juntos y yo dije que sí.

Empezamos a dar clases de bailes latinos a un grupo de quince personas. La Abu también se apuntó. Nos lo pasábamos genial martes y jueves por las tardes. Estuvimos dando clases como cuatro o cinco meses hasta que las dueñas de la academia dejaron de ofrecer bailes latinos. Es verdad que nunca llegaron a ser más de veinte alumnos y entiendo que no fuera rentable.

Yo continué con el trabajo de maquinista en la cantera, las clases de salsa en Sevilla y el gimnasio. ¡Ah!, y preparando la documentación para empezar una nueva formación. Te lo cuento en el siguiente post.

De esta etapa me quedo con la cantidad de gente que conocí en tan poco tiempo, lo que me divertí aprendiendo a bailar y la de noches que pasé bailando hasta las tantas de la madrugada.

Seguimos en otro momento, nena. Te amo desde donde esté en este momento. Cuídate y arriésgate a ser muy feliz.

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