¡¡¡Y llegaron las artes marciales!!!

Hola nena, te voy a contar una etapa muy friki que tuvo papá. Las artes marciales.

Quiero hablarte sobre ella porque marcó mi etapa de jovencillo y duró hasta bien entrado los 19 o 20 años. En el post papá y de pequeño, ¿qué? Te conté que la Abu me apuntó a karate de pequeño y que no me enganchó. Pero es curioso como recuerdo el momento que me engancharon las artes marciales, después de tantísimos años.

Verano con la familia en el piso del pueblo de Rota (Cádiz). Por aquel entonces los entretenimientos de las tardes eran jugar a las cartas, jugar al «puntillón» (Se trataba de un clavo de hierro de unos 15 cm, el cual había que clavar en la arena tirándolo de diferentes formas y en un orden establecido. Si en una de las tiradas no lo clavabas, le tocaba al siguiente. Cuando te volvía a tocar, empezabas desde la última forma en la que habías fallado. Ganaba quien conseguía clavarlo de todas las formas primero), palas de tenis, hacer crucigramas, leer revistas de cotilleo que compraban los mayores. Y un día me compré dos revistas: Dojo y Cinturón Negro. En la de Dojo venía un especial de Bruce Lee, un icono de las artes marciales el cual ya había fallecido y que era toda una leyenda. Fue creador del arte marcial o disciplina del Jeet kune do. Me entusiasmé tanto con todo lo que leí que cuando regresamos a Alcalá, busqué donde apuntarme para practicar.

Había un gimnasio detrás de mi colegio que impartían Yawara-Jitsu, una disciplina de defensa personal que utilizaba un pequeño palito, del tamaño de un bolígrafo, para mientras luchabas punzar en puntos vitales del contrario. No era muy conocido, pero era lo que encontré. Estuve poco menos de un año. Todo ello acompañado de toda la lectura relacionada con esta temática que podía conseguir. Luego pasé, cuando estaba en 2º de BUP, a apuntarme a otro gimnasio donde empecé con el Full-contac, karate y lucha libre olímpica. Sí, todo a la vez. Ya te comenté que fue una época muy friki para mi.

Toda mi vida giraba entorno a entrenar artes marciales, leer de artes marciales e intentar asimilar y aplicar principios de filosofía oriental a mi vida (algo de esto último aún perdura).

Tenía toda la habitación empapelada de posters de artistas marciales, de kung-fu, karate, kendo, kick-boxing, aikido, etc. Lo normal era tener posters de motos, coches, aviones, artistas de rock, pues nada, yo tíos con quimono, dando patadas al aire o dándose de guantazos con otro, jejejeje.

Pregúntale a la tita Carmen o a la Abu como recuerda esa etapa mía, te vas a reír mucho, jajjaja. Me ponía a decirle: Canme (no es una errata, así llamaba a la tita de pequeños) mira lo que hago, no te muevas. Y comenzaba a dar patadas y golpes al aire muy cerca de ella para sacarla de sus casillas…jejejej. La tita comenzaba a gritar y a llamar a la Abu: ¡Mamaaaaaaaaa! ya está el niño otra vez, no me deja en paz -mientras yo seguía mi exhibición de golpes cerca de ella pero sin llegar a tocarla nunca-. Reconozco que era un poco, hablando de forma vulgar, «mosca cojonera» con ella.

Hay una técnica, algo dura, para endurecer los huesos de las tibias y de los antebrazos. Se trata de golpear varias veces un pequeño tubo hueco de acero colgado de una cuerda dándole patadas y golpes con los antebrazos y, a continuación, hacer lo mismo pero con un pequeño palo de madera. Terminas insensibilizando las zonas donde golpeas. Pues después de eso, me llevaba todo el día dándole golpe a los muebles y a las esquinas de la casa, jajaja. La Abu al principio siempre estaba diciéndome que me iba a hacer daño, pero al cabo de un tiempo desistió y empezó a decirme que iba a romper los muebles, jajaja.

El tema de películas orientales o «de chinos», como decía la Abu, eran también para caerse de espaldas. Me las veía todas y a todas horas. Jacki Chan era mi artista de cine preferido, pero ya te digo que me las veía todas. Jet Li, Jean Claude Van Damme, Steven Seagal, y un montón de artistas desconocidos.

Al siguiente verano de empezar con el Full-contac conocí en Rota, donde veraneábamos con la famila, una pandilla de chavales y chavalas. Y la casualidad que dos de ellos practicaban artes marciales. Jose Ramón (Joserri) hacia taekwondo y Rubén, una disciplina extraña de kung-fu cuyo nombre sonaba como: «Engoro mi chaoling chuan» o algo parecido. Nunca supe como se escribía ni lo encontré en internet. Congeniamos muchísimo y empezamos a vernos todas las tardes para entrenar en una zona de dunas de la playa.

Al poco tiempo, nos presento Rubén a José María, su maestro de kung-fu. Él era de Rota así que sin ningún problema empieza a enseñarnos a los tres en la playa dos tardes a la semana durante todo el verano. De Julio a finales de Agosto practicando Kung-fu, para mi era toda una pasada. Como si de una película se tratase. Esto duró tres veranos, aunque Rubén solo estuvo los dos primeros. Joserri y yo si continuamos uno más hasta que ya la edad y por falta de disponibilidad de José María, nos hizo dejar de entrenar con él.

A Rubén le perdí el contacto pero con Joserri me une una amista auténtica de verdad. Aún nos llamamos por teléfono. Hemos estado en su boda, bautizo de sus tres hijos, comuniones. Intentamos vernos durante el año alguna vez o cuando vamos a Rota, intentamos coincidir. Es un tipo estupendo y Libia, su mujer, también. Como curiosidad, cumple años el mismo día que papá. Fué el primero que conocí que cumplía el mismo día del año que yo, jejeje.

Esta etapa la disfruté muchísimo pues fue transcurriendo a la vez que mis vivencias en el Instituto (por si no te lo he comentado, es donde estudiaba el BUP y COU). Tengo fantásticos recuerdos y amigos de aquella época con los que aún mantengo contacto.

Aún tengo pendiente retomar la práctica de un arte marcial que siempre me llamó la atención pero que siempre pospuse, el Tai-chi.

Bueno preciosa mía, tengo que dejarte por hoy. Te quiero infinito desde donde esté en este momento, no lo olvides, ¿de acuerdo?.

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